Utiliza estas técnicas para ralentizar el ritmo de tu narración

Para escribir una escena con ritmo lento, ya te podrás imaginar que tienes que hacer exactamente lo contrario a lo que veíamos en la entrada anterior, en donde veíamos cómo acelerar el ritmo de una escena. Veamos un ejemplo de escena lenta, la muerte del insecto Gregorio Samsa en La metamorfosis, de Franz Kafka:

Muy pronto hubo de convencerse de que le era en absoluto imposible moverse. Esto no le asombró: antes al contrario, no le parecía natural haber podido avanzar, cual lo hacía hasta entonces, con aquellas patitas tan delgadas. Por lo demás, se sentía relativamente a gusto. Cierto es que todo el cuerpo le dolía; pero le parecía como si estos dolores se fuesen debilitando más y más, y pensaba que, por último, acabarían. Apenas si notaba ya la manzana podrida que tenía en la espalda, y la inflamación, revestida de blanco por el polvo. Pensaba con emoción y cariño en los suyos. Se hallaba, tal vez, aún más firmemente convencido que su hermana de que tenía que desaparecer. 

Y en tal estado de apacible meditación e insensibilidad permaneció hasta que el reloj de la iglesia dio las tres de la madrugada. Todavía pudo vivir aquel comienzo del alba que despuntaba detrás de los cristales. Luego, a pesar suyo, su cabeza se hundió por completo y su hocico despidió débilmente su último aliento.

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La apacible agonía de Gregorio se nos presenta en una escena de ritmo lento, sosegado. Esto lo logra Kafka aplicando la mayoría de estas estrategias:

  • Utiliza oraciones largas y subordinadas.
  • Utiliza formas verbales en las que la acción no está terminada, por ejemplo, pretérito imperfecto: parecía, pensaba, se hallaba, etc.
  • En lugar de usar verbos de acción, utiliza verbos de estado (ser y estar): se hallaba, se sentía
  • Utiliza un vocabulario y frases que connotan lentitud: le era imposible moverse; debilitando, apacible, permaneció, comienzo del alba, despuntar, etc.
  • Utiliza una mayor proporción de sustantivos y adjetivos en relación a los verbos.

Otro truco es introducir una pausa en el relato. ¿Qué es una pausa? Definámosla como una alteración de la temporalidad en donde se detiene el flujo de la acción mediante una descripción. La pausa nos puede servir para desacelerar el ritmo del relato, pero también para recrear el marco y la atmósfera en la que la acción se desarrolla. Volvamos a La metamorfosis para poner un ejemplo.

Gregorio, pues, no llegó a penetrar en la habitación; desde el interior de la suya permaneció apoyado en la hoja cerrada de la puerta, de modo que solo presentaba la mitad superior del cuerpo, con la cabeza inclinada de medio lado, espiando a los circunstantes. En esto, había ido clareando, y en la acera opuesta se recortaba nítido un trozo del edificio negruzco de enfrente. Era un hospital, cuya monótona fachada rompían simétricas ventanas. La lluvia no había cesado, pero caía ya en goterones aislados, que se veían llegar distintamente al suelo. Sobre la mesa estaban los utensilios del servicio de desayuno, pues, para el padre, era ésta la comida principal del día, que gustaba de prolongarse con la lectura de varios periódicos. En el lienzo de pared que daba justo frente a Gregorio, colgaba un retrato de éste, hecho durante su servicio militar, y que le representaba con uniforme de teniente, la mano puesta en la espalda, sonriendo despreocupadamente, con un aire que parecía exigir respeto para su indumento y su actitud. Esa habitación daba al recibimiento; por la puerta abierta veíase la del piso, también abierta, el rellano de la escalera y el arranque de esta última, que conducía a los pisos inferiores.

Como puedes ver, esta descripción del marco y la atmósfera a mitad del relato le sirve al autor para hacer una pausa y ralentizar el ritmo de la historia. Hay que ser cuidadosos, pues pausas muy largas o muy frecuentes pueden lentificar tanto la acción que la narración se vuelva aburrida. Procura, pues, que las pausas que introduzcas sean cortas y pertinentes.

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Otro tipo de pausa que podemos usar en nuestra narración es la digresión reflexiva. En ésta la acción queda interrumpida no por una descripción sino por las divagaciones de un personaje o del narrador. Tomemos nuevamente el ejemplo de La metamorfosis, en este caso, con las divagaciones de Gregorio Samsa sobre los más dispares asuntos:

Estos madrugones díjosele entontecen a uno por completo. El hombre necesita dormir lo justo. Hay viajantes que se dan una vida de odaliscas. Cuando a media mañana regreso a la fonda para anotar los pedidos, me los encuentro muy sentados, tomándose el desayuno. Si yo, con el jefe que tengo, quisiese hacer lo mismo, me vería en el acto de patitas en la calle. Y ¿quién sabe si esto no sería para mí lo más conveniente? Si no fuese por mis padres, ya hace tiempo que me hubiese despedido. Me hubiera presentado ante el jefe y, con toda mi alma, le habría manifestado mi modo de pensar. ¡Se cae del pupitre! Que también tiene lo suyo eso de sentarse encima del pupitre para, desde aquella altura, hablar a los empleados, que, como él es sordo, han de acercársele mucho. Pero, lo que es la esperanza, todavía no la he perdido del todo. En cuanto tenga reunida la cantidad necesaria para pagarle la deuda de mis padres unos cinco o seis años todavía—, ¡vaya si lo hago! y entonces, sí que me redondeo. Bueno; pero, por ahora, lo que tengo que hacer es levantarme, que el tren sale a las cinco.

¡A escribir!

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