Cómo darles un ritmo trepidante a las escenas de tus relatos

Cada asunto en nuestro relato debe tener su ritmo propio. Por supuesto, no es lo mismo si estamos narrando el asalto a un banco, que si estamos contando un tranquilo paseo por el campo. Cada tipo de acontecimientos suceden a un ritmo específico, por lo que podemos definir el ritmo de la escena como la velocidad con la que el texto avanza, esto es, la sensación de rapidez o lentitud que el lector experimenta al leer las diferentes partes de la historia.

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A la hora de narrar tu historia, no confundas el resumen con la escenificación

La gran especialista mexicana en narratología, Luz Aurora Pimentel, define el relato como “la construcción progresiva, por la mediación de un narrador, de un mundo de acción e interacción humanas, cuyo referente puede ser real o ficcional” [Luz Aurora Pimentel, El relato en perspectiva, pág. 10]. En este sentido, el relato es —como dice Jonathan Culler— un “contrato de inteligibilidad” que el autor pacta con el lector. Ahora bien, decíamos en una entrada anterior que el autor tiene a la mano principalmente dos estrategias para construir el mundo que quiere transmitir al lector: decir y mostrar.

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Los relatos del mundo

Las narraciones son una parte fundamental de la vida humana. Podría afirmarse incluso que la capacidad de narrar es una de las características que nos distingue de los demás animales. ¿Cuándo se ha visto que un perro le cuente a otro perro lo que hizo el día de ayer en el parque, o que un caballo le diga a otro de qué forma ganó su última carrera? El mundo humano, en cambio, es un mundo tejido de relatos. “Innumerables son los relatos del mundo”, decía Roland Barthes en un famoso texto de 1966 (“Introduction à l’analyse structurale des récits”).  

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