Cómo darles un ritmo trepidante a las escenas de tus relatos

Cada asunto en nuestro relato debe tener su ritmo propio. Por supuesto, no es lo mismo si estamos narrando el asalto a un banco, que si estamos contando un tranquilo paseo por el campo. Cada tipo de acontecimientos suceden a un ritmo específico, por lo que podemos definir el ritmo de la escena como la velocidad con la que el texto avanza, esto es, la sensación de rapidez o lentitud que el lector experimenta al leer las diferentes partes de la historia.

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9 consejos de Ernest Hemingway para escritores

Les dejo aquí nueve consejos de Hemingway para escritores (algunos de ellos son un poco extraños):

  1. Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un lenguaje vigoroso. Sé positivo, no negativo.
  2. La jerga que adoptes debe ser reciente; de lo contrario, no sirve.
  3. Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como «espléndido, magnífico, suntuoso».
  4. Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas.
  5. Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir.
  6. Dile a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los periódicos. Entonces come, juega al tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.
  7. Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan ahí. Se sienten solos fuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias…
  8. A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos.
  9. Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.

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Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

  • Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.
  • No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.
  • Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.
  • Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece bastante breve.
  • Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
  • Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.
  • Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

Te aconsejo:

  1. Ninguna monserga de carácter político, social o económico.
  2. Objetividad absoluta.
  3. Veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas.
  4. Máxima concisión.
  5. Audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional.
  6. Espontaneidad.

Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.

Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.

Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores.

Dios te guarde de los lugares comunes.

Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones.

No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.

Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.

No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.

No es la escritura en sí misma lo que me da nauseas, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera.

No creo en nuestra inteligencia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas.

Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones —sean intelectuales o campesinos—; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.

Aprende a identificar y evitar la información redundante en tus relatos

La especialista en teoría literaria Luz Aurora Pimentel, en su magnífico libro El relato en perspectiva, define el relato como «la construcción progresiva, por la mediación de un narrador, de un mundo de acción e interacción humanas, cuyo referente puede ser real o ficcional». Ahora bien, esta construcción progresiva de un mundo no puede consistir en otra cosa que en una secuencia de informaciones. La tarea más importante del escritor es, por ello, la de tomar las decisiones apropiadas sobre cómo transmitir dichas informaciones.

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Evita la reiteración, un error común en los escritores novatos

Decíamos en una entrada anterior que existen básicamente dos estrategias a la hora de narrar una historia: decir y mostrar. En resumen, un escritor dice cuando la idea que quiere transmitir al lector aparece directamente en el texto. «Mónica era muy bella» es una frase que dice cómo era Mónica. Por el contrario, un escritor muestra cuando la idea aparece en el texto sugerida en imágenes. «Mónica pasó por la avenida atrayendo todas las miradas del sexo opuesto y provocando los celos del propio» es una frase que muestra la belleza de Mónica.

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Cómo hacer un relato con focalización externa

En los textos literarios narrados con focalización externa, el narrador cuenta la historia desde fuera, esto es, desde una perspectiva exterior. Si en entradas anteriores veíamos que en la focalización interna el relato coincidía con la mente figural de alguno de los personajes, de manera que la información narrativa tenía las limitaciones cognitivas, perceptuales y espaciotemporales de ese personaje, en la focalización externa la restricción que se impone el narrador consiste precisamente en que no tiene acceso a la conciencia de los personajes.

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