¿Qué relación hay entre el nihilismo y la voluntad de poder?

Uno de los intérpretes y comentadores más importantes de Nietzsche es Heidegger. En esta entrada veremos la aclaradora exposición que hace este último del pensamiento de Nietzsche sobre el nihilismo en su relación con «la voluntad de poder».

Como lo veíamos en entradas anteriores, el nihilismo significa principalmente que los valores supremos pierden validez. ¿Y cuáles eran estos valores supremos? Los de la visión cristiana del mundo. Cuando el sentido, la unidad y la verdad del sistema moral cristiano pierden toda validez, todas las metas que tenía el ente humano se vuelven caducas. Pero esto no significa para Nietzsche que el nihilismo sea el fin, sino que sólo muestra que ahora nuestra tarea más libre y más auténtica es la de crear una nueva posición de valores. Por ello el filósofo alemán hablará de una liberación humana que consistirá en la transvaloración de todos los valores habidos hasta ahora.

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Ahora bien —según comenta Heidegger—, la expresión «transvaloración de los valores» no significa simplemente que en el lugar de los valores que había hasta este momento, se ponen otros diferentes. «Transvaloración» significa para Nietzsche que «el lugar» mismo de los valores anteriores desaparece. En palabras de Heidegger, «se erradica la necesidad de valores del tipo que había y del lugar que ocupaban hasta el momento, o sea, lo suprasensible».

Si ese «lugar» (que en el cristianismo era el más-allá, lo suprasensible, Dios, lo trascendente, etc.) en el que estaban colocados los anteriores valores cristianos desaparece, para operar la transvaloración de los valores se necesitará de un nuevo lugar o «principio». Si la interpretación del sentido y finalidad del ente en su totalidad ya no puede tener lugar en lo suprasensible, ¿de dónde se extraerán ahora los nuevos valores? La respuesta de Nietzsche: del ente mismo.

El fundamento de nuestra nueva tabla de valores ya no estará en Dios o en un más-allá trascendente, sino que estará en la inmanencia de la tierra, en el mundo material del ente, el único que conocemos. Hay un fragmento en el Zarathustra que dice:

« ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas ultramundanas! Son emponzoñadores, lo sepan o no.
Son despreciadores de la vida, moribundos, envenenados por su propia mano, de quienes la tierra está cansada: ¡ojalá desaparezcan!
En otro tiempo la ofensa a Dios era el mayor ultraje, pero Dios ha muerto y con él también han muerto esos impíos. ¡Lo más terrible ahora es el sacrilegio contra la tierra, así como estimar más las entrañas de lo inescrutable que el sentido de la tierra! »

Friedrich Nietzsche, Así habló Zarathustra, pág. 27.

Será, pues, el ente mismo el que requiera de una nueva interpretación tal que lo haga apto para servir de «principio» para la escritura de una nueva tabla de valores. Nietzsche pondrá lo que denomina «voluntad de poder» como el carácter fundamental del ente en su totalidad.

Voluntad de poder

¿A qué se refiere Nietzsche con la expresión «voluntad de poder»? En suma, a la esencia del poder, entendida ésta como acrecentamiento de poder, superación del poder por sí mismo. En una palabra —sobrepotenciamiento. Leamos el comentario de Heidegger:

Todo poder sólo es poder en la medida en que sea y mientras sea más-poder, es decir acrecentamiento del poder. El poder sólo puede mantenerse a sí mismo, es decir en su esencia, en la medida en que supere y sobrepase el nivel de poder alcanzado en cada caso, es decir, en la medida en que se supere y sobrepase a sí mismo; nosotros diremos: en que se sobrepotencie. Apenas el poder se detiene en un nivel de poder se vuelve ya impotencia. «Voluntad de poder» nunca significa sólo un «romántico» desear y aspirar a la toma de poder por parte de lo que carece aún de él, sino que «voluntad de poder» significa: el darse poder del poder para su propio sobrepotenciamiento.

Martin Heidegger, Nietzsche, pág. 553.

Así, el carácter fundamental del ente es, para Nietzsche, lo mismo que la esencia del poder: la voluntad de poder. «Todo ente, en la medida en que es y es tal como es, es: voluntad de poder». Toda nueva posición de valores, según Nietzsche, parte de ahí y hacia allá vuelve. El valor supremo es el poder; o, en otras palabras, el poder y sólo él es desde ahora quien «pone los valores, los mantiene en vigencia y es el único en decidir sobre la posible justificación de una posición de valores».

Si decimos que todo ente es voluntad de poder, entonces sólo «tendrá» valor o «será» un valor aquello que cumpla con la esencia del poder, esto es, aquello que implique un acrecentamiento del poder. En el fragmento no. 2 de El Anticristo afirma Nietzsche:

¿Qué es bueno? — Todo lo que eleva el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo en el hombre.

¿Qué es malo? — Todo lo que procede de la debilidad.

¿Qué es felicidad? — El sentimiento de que el poder crece, de que una resistencia queda superada.

No apaciguamiento, sino más poder; no paz ante todo sino guerra; no virtud, sino vigor.

Los débiles y los malogrados deben perecer: artículo primero de nuestro amor a los hombres. Y además se debe ayudarlos a perecer.

¿Qué es más dañoso que cualquier vicio? — La compasión activa con todos los malogrados y débiles — el cristianismo…

Friedrich Nietzsche, El Anticristo, pág. 32.

Con estas duras palabras Nietzsche pone el nuevo estandarte bajo el cual tiene que instituirse el nuevo orden de lo ente en su totalidad. Como comenta Heidegger, «puesto que lo «suprasensible», el «más-allá» y el «cielo» han sido aniquilados, solo queda la tierra«. El globo terrestre queda así bajo el dominio de hombre. El hombre mismo queda única y exclusivamente bajo el dominio del hombre (de sí mismo o de otros). Sin más garantes morales que aquellos que dicte la fuerza y el poder —y por más que el vitalismo nietzscheano tenga muchos aspectos positivos, queda abierto el peligro de auto-justificar fenómenos sociales hiper destructivos e inmorales como el nazismo. Eso, claro, si se interpreta a Nietzsche de cierta manera. ¿Permiten los textos de Nietzsche ser interpretados como lo hizo el nacionalsocialismo? Muchos piensan que sí.

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