¿Qué es el «superhombre» en la filosofía de Nietzsche?

Como hemos estado explicando en entradas anteriores, el nihilismo supone la aniquilación de todo lo suprasensible. Nuestra creencia en el más-allá se derrumba. Ya no hay cielo, ya no existe aquel lugar trascendente de donde se derivaban nuestros valores más supremos. La creencia en un sentido del mundo, en una finalidad, en una meta que alcanzar, se desmorona. El hombre ya no tiene que subordinarse a nada. Nada es verdad. Dios ha muerto.

Esto significaba para Nietzsche la necesidad de erigir nuevas tablas de valores sobre un fundamento también nuevo, pues Dios ya no puede funcionar como tal. El nuevo fundamento no será otro que el propio ente, cuya esencia es voluntad de poder. El nuevo orden, por consiguiente, tiene que provenir del dominio y poder sobre el globo terrestre del hombre mismo. Pero no de cualquier hombre y menos de la humanidad entera, que ha vivido bajo los valores que ya han perdido validez. ¿Qué hombre, entonces, impondrá el nuevo orden? ¿Que nuevo hombre llevará a cabo la tarea de «trasvalorar todos los valores»? Para Nietzsche, sólo puede ser el superhombre (Übermensch).

El superhombre nietzscheano

El nihilismo que, tras la muerte de Dios, desemboca en el hombre mismo como único centro y medida del nuevo orden terrestre, tiene que impulsar al propio hombre más allá de sí mismo. Es decir, el hombre existente hasta el momento tiene que pasar «por sobre sí mismo» y crear la figura del «superhombre».

¡Adelante! ¡Arriba! ¡Vosotros hombres superiores! —dice Nietzsche-Zarathustra— Sólo ahora parirá la montaña del futuro del hombre. Dios murió: ahora sólo nosotros queremos —que viva el superhombre.

Friedrich Nietzsche, Así habló Zarathustra.

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Como explica Heidegger en su obra dedicada a Nietzsche, el superhombre «es la figura suprema de la más pura voluntad de poder». El superhombre es desde entonces lo único que vale en la tierra, la única meta; aquel que domina y al que le pertenece el ente en su totalidad. Es, pues, puro poder.

El superhombre deja simplemente detrás de sí al hombre de los valores válidos hasta el momento [los valores cristianos], «pasa por encima» de él y traslada la justificación de todos los derechos y la posición de todos los valores al ejercicio del poder del puro poder. Todo actuar y realizar sólo vale como tal en la medida en que sirve para equipar, adiestrar y acrecentar la voluntad de poder.

Martin Heidegger, Nietzsche, pág. 556.


Pero, ¿qué características tiene este «superhombre»? En La voluntad de poder, Nietzsche habla de la necesidad de que aparezca «una especie más fuerte, un tipo más alto, que acredita condiciones de nacimiento y de conservación diferentes de las del hombre medio. Mi concepto —dice el filósofo alemán—, mi símbolo de este tipo es, como se sabe, la palabra «superhombre»». El pensamiento de Nietzsche dista mucho de ser humanista. No proclama la necesidad de que «todos» tengamos como meta el superhombre, sino más bien que éste se alzará por sobre la humanidad y regirá sobre la tierra. «El objetivo no es la «humanidad» —afirma—, sino el superhombre». Pero, ¿cuáles son los valores del superhombre? Nietzsche tiene palabras muy duras y sobre todo muy polémicas al respecto. Eso lo veremos en nuestra siguiente entrada.

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