El nihilismo y la falta de sentido

Veíamos en una entrada anterior que el nihilismo surge cuando los valores supremos de la moral cristiana pierden toda su validez, cuando no hay ya un garante imaginario (Dios) que nos haga creer y obedecer esos valores. El ser humano queda entonces sin una respuesta a la pregunta del «por qué» y experimenta por primera vez el absoluto sinsentido de todo lo que existe. El nihilismo, de esta manera, es un estado psicológico que surge cuando se busca un sentido en un suceso que no lo tiene. Cuando es la existencia en general la que carece de sentido, entonces el hombre acaba perdiendo el ánimo.

Sentido y finalidad

¿Qué sentido le daba a nuestra existencia la interpretación cristiana del mundo? Aquel que le confería, sobre todo, el código y el orden moral emanado de Dios y que había que obedecer, so pena de acabar en el infierno por toda la eternidad. Existía también la inocente idea de que, con el tiempo, se incrementaría el amor y la armonía entre los seres, de que nos aproximaríamos cada vez más a un estado general de felicidad. O, por lo menos, en el momento del Juicio Final, los buenos caminarían al lado de Dios rumbo al cielo, mientras que los malvados serían eternamente condenados. «Lo común de todas estas concepciones —afirma Nietzsche— es que debe alcanzarse algo a través del proceso mismo». Pero con el nihilismo se comprende que «en este devenir nada se cumple, nada se alcanzará…».

El hombre pierde entonces el ánimo porque toma conciencia del «despilfarro de fuerzas». Siente la tortura de que todo su esfuerzo ha sido (y es) «en vano». El libro del Apocalipsis es, a este respecto, el libro par excellence sobre la finalidad y el sentido de la cultura Occidental cristiana: todo se encaminaba al Juicio Final; ese era el designio de Dios. Pero cuando el hombre se hace consciente de la mentira cristiana, todos los libros divinos se convierten en cuentos infantiles y la desilusión sobre el supuesto fin de la existencia no se hace esperar. Esta «desilusión sobre una supuesta finalidad del devenir —dice Nietzsche— es la causa del nihilismo».

Se pierde la creencia en la totalidad y el sistema

Con el nihilismo perdemos —además del sentido y la finalidad— el sentimiento de que la existencia responde a una idea de totalidad o sistema. Ya no creemos que todos los acontecimientos respondan a una organización o a una forma suprema de dominio. Nietzsche está pensando en el Dios ausente, sí, pero también está lanzando sus dardos contra el filósofo alemán G.W.F. Hegel, quien postulaba un Espíritu del mundo que se encaminaba poco a poco a un Saber Absoluto en el que la historia del hombre conquistaría su meta final. En estas concepciones, una totalidad infinitamente superior que requiera la «entrega» del individuo también le da a éste cierta importancia y, por ende, cierto alivio. Pero el nihilismo le hace al hombre descreer de que haya tal «desarrollo de un todo», y como el propio valor como individuo dependía de esa supuesta totalidad, el nihilismo finalmente le hace descreer de su propio valor.

¡Pero hay que darse cuenta de que no existe tal totalidad! En el fondo, el hombre ha perdido la creencia en su valor, cuando a través de él no actúa un todo infinitamente precioso: es decir, ha concebido un todo semejante para poder creer en su propio valor.

Friedrich Nietzsche, La voluntad de poder, pág. 39.

Una tercera y última forma apunta Nietzsche del nihilismo como estado psicológico: el concepto de «verdad» ya no tiene ningún fundamento. De eso hablaremos la siguiente entrada.

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