¿Cuándo se comete una falacia por hipóstasis en una argumentación?

No todos los términos lingüísticos de que disponemos hacen referencia a un objeto realmente existente. A veces reificamos o sobre-cosificamos términos abstractos y les atribuimos una realidad que no poseen. Cuando hacemos esto en un argumento, estamos cometiendo una falacia por hipóstasis.

Por ejemplo, de un adjetivo como ‘suave’ sacamos el sustantivo abstracto ‘suavidad’. Mientras que ‘suave’ puede tener como referencia las propiedades específicas de ciertos objetos, la ‘suavidad’ en realidad no refiere a ninguna entidad real. Es una entidad abstracta, platónica (pues Platón hipostasiaba también, p.ej., al ‘hombre’ real en una Idea de ‘Hombre’, según él trascendente y eterna… etc.).

También se comete la falacia por hipóstasis cuando tratamos a un objeto o concepto abstracto como si tuviera cualidades humanas.

Ejemplos:

La Ciudad es un monstruo: te come, te digiere y luego te regurgita con crueldad. Por ello es mejor vivir en el campo.

La Naturaleza es sabia y determinó que las personas adultas no toleraran la leche. Por ello es mejor evitarla en nuestras dietas.

Mientras que una ciudad no tiene, hablando con propiedad, ningún aparato digestivo, la ‘sabiduría’ es una noción que implica experiencia, conocimiento, juicio, prudencia. Son, pues, cualidades humanas que no se pueden atribuir a la Naturaleza o a las ciudades, como no sea metafóricamente. No hay nada de malo en usar metáforas, siempre y cuando se tenga cuidado en no llevar la metáfora demasiado lejos y atribuyamos características concretas a entidades abstractas para tratar de apoyar una conclusión.

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