Cómo se construye una narración con focalización interna

En una entrada anterior vimos que la focalización cero corresponde al tradicional narrador omnisciente, un narrador que, en pocas palabras, lo sabe todo. Entra a voluntad en la mente de sus personajes, sabe sus intenciones, sus pensamientos, sus emociones, se desplaza con total libertad en el espacio y en el tiempo y emite sus propios juicios y opiniones sobre la historia cuando le place.

Es el típico narrador en las literaturas del siglo XIX, pero actualmente ya no es muy usado. Más frecuente hoy en día es el uso de la focalización interna, donde el foco del relato se circunscribe a la mente de un personaje. En otras palabras, en este tipo de narración el punto de vista o la perspectiva desde donde el autor nos presenta la historia es la de la mente figural de uno de los personajes. Esto implica que, a diferencia del narrador omnisciente, la información que nos brinda este tipo de narrador nunca es completa, sino que es parcial y subjetiva, es decir, no lo sabe todo y lo que sabe está empañado por su propia visión y experiencia de las cosas. Hay, pues, una restricción de libertad en la selección de la información debido a las naturales limitaciones cognoscitivas, perceptuales y espaciotemporales del personaje en cuestión. Pero atención: esto no quiere decir que la narración tenga que estar contada por el personaje. La focalización interna puede estar construida en tercera persona y aún así limitarse a la mente figural de un solo personaje. Podemos poner como ejemplo la novela policiaca Asesinos sin rostro, de Henning Mankel:

A las cuatro menos cuatro de la tarde, Kurt Wallander sintió hambre. No había tenido tiempo de comer en todo el día. Después de la reunión había dedicado la mañana a organizar la caza de los asesinos de Lenarp. No dudaba en emplear el plural. Le costaba imaginar que una sola persona pudiera haber cometido aquel baño de sangre.

Vemos aquí cómo el narrador conoce los sentimientos y los pensamientos del protagonista, el detective Kurt Wallander. Sabe lo que ve, lo que escucha, lo que planea, pero no conoce nada más. En otras palabras, sabe lo que el personaje sabe, pero también ignora lo que él ignora. Diríamos que su conciencia está fijada a la de él, pero sin identificarse del todo con ella. Es un narrador, digámoslo así, parcialmente autónomo, pues cuenta la historia en tercera persona y con ello se distingue de la mente figural del protagonista, pero no emite juicios propios, no da su opinión, sino que se limita a decir o a mostrar lo que hay en la mente del protagonista. El narrador se impone así las limitaciones cognoscitivas, perceptuales y espaciotemporales del personaje, siguiéndolo a todas partes.

Cuando es el propio personaje el que narra la historia, es obvio que la focalización es también interna. En Cosecha roja, de Dashiell Hammett, es el protagonista de la historia, el Agente de la Continental, el que relata en primera persona su propia historia:

Tuve que llamar con ganas el timbre de mi cliente antes de obtener contestación. Me abrió la puerta el chofer, alto y bronceado. Iba vestido con camiseta y pantalones y sujetaba un taco de billar en un puño. —¿Qué quiere? —me preguntó, y luego, cuando me hubo echado otro vistazo, dijo—: Ah, es usted, ¿verdad? Bueno, ¿qué quiere?

En estos dos ejemplos el relato está focalizado en un solo personaje, por lo que se le llama focalización interna fija. Pero también puede construirse el relato desde distintas perspectivas, en cuyo caso habrá un desplazamiento focal y se dirá que se trata de una focalización interna variable. Es el caso de Madame Bovary, de Flaubert, en donde los personajes focales son Emma y Charles, (aunque el peso narrativo recae obviamente en la protagonista). La novela epistolar —por ejemplo en La nueva Eloisa, de Rousseau— es otro ejemplo de focalización interna variable, pues cada personaje se convierte en narrador en el momento en el que escribe una carta. La segunda parte de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, es otro interesante ejemplo de cómo se puede jugar con este tipo de focalización.

Por último, se le llama focalización múltiple a la historia o segmento de la misma que es narrada desde el punto de vista de distintos personajes. Es como si todas las conciencias figurales narraran cada una a su turno un mismo acontecimiento. En una próxima entrada veremos el tercero y último tipo de focalización: la focalización externa.

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