Cómo perderle el miedo a la muerte, según Epicuro.

De todo el abanico de temores que un ser humano puede sufrir en su corta vida (temor a perder el trabajo, la pareja, la salud, un ser querido, etc.), el mayor de todos es… claro: perder la vida. El temor a la muerte es evidentemente el mayor temor del ser humano. Pero para Epicuro, filósofo griego de la antigüedad, hay una manera de deshacerse de él.

Para Epicuro razonar correctamente sobre lo que en realidad es la muerte en relación a nosotros puede ayudarnos a superar nuestro miedo a ella. ¿Y qué es para él la muerte en relación a nosotros? En una palabra: nada. «Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada en relación
a nosotros —dice en su
Carta a Meneceo—. Porque todo bien y todo mal está en la sensación; ahora bien, la muerte es privación de sensación«. Epicuro afirmaba que la vida es el único lugar o contexto de toda sensación posible. Todos los bienes y males que vivimos, todos los placeres y dolores que experimentamos, los experimentamos en vida, pues sólo en ella somos seres sensibles. En la muerte, sin embargo, nosotros ya no somos seres sensibles, por lo que la muerte, cuando llega, en realidad no puede ser sentida. Y ya no somos seres sensibles porque cuando morimos en estricto sentido nosotros ya no somos. Nada queda aquí de nosotros para sentir la muerte, por lo que la muerte no puede ser nada para nosotros, ni cuando estamos vivos, porque entonces la muerte no ha llegado, ni cuando ésta llegue, porque entonces nosotros ya no seremos.

«Así —sostiene el filósofo —, el más terrorífico de los males, la muerte, no es nada en relación a nosotros, porque, cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, nosotros no somos más».

Epicuro, Carta a Meneceo

La sociedad helenística estaba, en tiempos de Epicuro, gravemente enferma, aquejada de males orgánicos y psíquicos. Epicuro diagnosticó los males, coyunturales y permanentes, y puso toda su sabiduría y su empeño en encontrar una solución definitiva y eterna. Epicuro fue el primero que osó enfrentarse a los motivos de la postración de los hombres, inquirió sus causas, interpretó los hechos y alcanzó en esta empresa la victoria, convirtiendo con ello a los hombres en dioses. Adquiere las Obras completas de Epicuro en Amazon aquí:


Es algo así como si la vida y la muerte, a pesar de estar en estrecha relación, jamás se pudieran tocar. Siempre me ha gustado pensar que cuando yo muera y deje de existir, cuando mis hijos se casen, tengan hijos y mis nietos vean con curiosidad la foto del abuelo muerto del que apenas se acuerdan, yo estaré sintiendo exactamente aquello que sentía cuando mis abuelos se sonrieron por primera vez, mucho tiempo antes de que yo existiera. ¡Nada! En la no-existencia no hay experiencia, no hay ninguna sensación. Nuestra experiencia después de la muerte será la misma que tuvimos durante los eones de tiempo que nos precedieron, cuando el Universo se estaba apenas formando. ¡Ninguna! Esto parece evidente, y sin embargo muchos temen y sufren neciamente —piensa Epicuro— porque la muerte ha de venir algún día. Esto ocurre, según él, porque los seres humanos desean neciamente la inmortalidad y porque consideran incorrectamente a la muerte como el límite de sus vidas. Bien mirado, como decíamos, la muerte y la vida no se tocan jamás, por lo que la muerte no puede ser su límite en el sentido en que este límite se encontraría todavía dentro de la circunferencia de la vida. Comprender esto —sostiene nuestro filósofo— nos hace gozosa la vida incluso en nuestra condición de mortales.


También te puede interesar:

Epicuro y el momento para filosofar

Epicuro y la actitud vulgar ante los dioses

¿Qué es la epimeleia heautou?


Ahora bien, algo muy importante en esta sección de la Carta a Meneceo es la conminación de Epicuro a que reflexionemos en esto una y otra vez para que el efecto terapéutico del razonamiento tenga verdaderos efectos en nuestras vidas. «Acostúmbrate a considerar que la muerte…», es decir, acostúmbrate a tenerlo siempre presente (siempre en mente) y medita en ello una y otra vez desde distintos puntos de vista. Sólo entonces comenzaremos a conducirnos con la actitud de no estimar que haya algún mal en el no-vivir y a disfrutar, así, la vida. Pues a diferencia del necio que quisiera vivir para siempre, el sabio —dice Epicuro— sabe que más vale una vida por buena que por larga. En sus palabras:

«El sabio, en cambio, no teme el no vivir: pues ni le pesa el vivir ni estima que sea algún mal el no vivir. Y así como no elige en absoluto el alimento más abundante, sino el más agradable, así también no es el tiempo más largo, sino el más placentero el que disfruta».

Epicuro, Carta a Meneceo

Este es el segundo de los cuatro preceptos éticos fundamentales para ser feliz, el segundo remedio del tetraphármakon: la recta opinión sobre la muerte, que nos libera de todo temor ante ella. El primero —La recta (piadosa) opinión sobre los dioses— la veíamos en una entrada anterior. El tercer y cuarto precepto, relativo al placer y al dolor, lo veremos en la siguiente cápsula filosófica.


También te puede interesar:

La sentencia de Alexandrides

La epiméleia heautoȗ como resistencia al poder

La epimeleia heautou no es para las masas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.